Nada más dejar una taza sobre la mesa escuché el timbre sonar repetidamente. Me deleité internamente en sus ansias de verme.
-¡Ya voy!
Me acerqué a abrir la puerta con un impulso que no supe identificar. Shion seguía timbrado, cosa que me hizo fruncir el ceño.
-He dicho que ya voy, me vas a fastidiar el...
Nunca esperé realmente encontrarme con Ren. O quizás tenía la esperanza de que viniera. Fuera lo que fuese no me sorprendí de verlo plantado en la entrada.
Ninguno de los dos supimos reaccionar. Estuvimos casi un minuto mirándonos a los ojos como platos, para a continuación absorber todas las novedades en el otro. Tras eso desvié mi vista del verde de sus ojos y él cambió de postura.
Y aquí vienen los silencios incómodos.
-¿Puedo pasar?
-¿Para qué?
-Quiero hablar contigo.
-No tengo nada que decir. - Y demostrando la gran cobarde que soy, cerré la puerta y apoyé en ella la espalda, con los ojos cerrados.
-¡Shizuku! No he venido hasta aquí por nada ¡me vas a escuchar, abre la puerta, maldita sea!- Lo pude sentir forzando la cerradura desde el otro lado. Me escurrí hacia abajo hasta quedar sentada, apretando los párpados.
-Por favor, no hagas esto más difícil de lo que es... - Mi voz a duras penas se entendía. Me abracé las piernas.
-Escúchame. Si no quieres abrir está bien, pero déjame al menos explicártelo.
No sé cómo interpretó mi silencio. Lo noté moverse al otro lado, e imaginé que solo la puerta separaba nuestras espaldas.
-...- Inspiró. - ¿Sabes qué? No creo que decirte la verdad vaya a cambiar a cambiar algo a estas alturas.
Tenía razón. Casi me atraganto. ¿Ese hombre racional era Ren? ¿Mi... Ren? No le reconocía. Supongo que con el tiempo la gente cambia. Yo lo había hecho.
-Solo... - golpeó la puerta. - Maldita sea, abre.
No lo hice, y él suspiró otra vez.
- Nunca quise engañarte. - Me hizo sonreír con ironía mientras algo cálido acariciaba mis mejillas. - No lo hice queriendo, no pensaba con claridad. Yo te quería, te quiero a ti, Shizuku.
-No soy la misma. -Susurré.
-Supongo que no. Pero juré mantener nuestra promesa, ¿te acuerdas de ella?
No me acordaba.
-Supongo que no. De todas formas yo aún la mantengo, y lo haré siempre.
Se levantó y sentí muchísimo pánico, a tal escala que ahogué un grito y casi, casi le dejo pasar.
-Ahora que te he encontrado no pienso dejarte. Nos vemos.
Sentí pasos alejarse y deduje que se había ido, o eso me pareció al echar un vistazo al pasillo. Pero seguía ahí y empujó la puerta con fuerza antes de darme tiempo a reaccionar. Me abrazó por los hombros con una fuerza salvaje. Lo sentí sollozar. No podía con esto... emociones que creía olvidadas latieron en lo más profundo de mi ser y en tres segundos recordé toda nuestra historia. Extrañeza, odio, pasión, coqueteos, sonrisas, besos fugaces, abrazos cariñosos, amor, sonrisas secretas y más amor, amor infinito. Planes, felicidad, excitación... entonces dudas, celos, desconfianza, engaño, dolor. Y ahí me había quedado yo, en medio del dolor durante dos años.
Me apretó hasta casi dejarme sin oxígeno mientras el mundo giraba a una velocidad vertiginosa, cambiando de colores a cada milésima, sucediéndose en el arcoíris más variado que nadie pueda imaginar.
No quería que se separara nunca. Quería que se quedara a mi lado para siempre, esta vez de verdad.
En mi opinión sobraban las palabras, pero él era un hombre y yo una mujer.
Cuando me alejó de él fue cuando pude reaccionar, y le agarré por los costados atrayéndolo a mi cuerpo. Déjame disfrutar de este momento solo un poco más.
-Estoy cansado, Shizuku.
Abrí los ojos como platos -no recordaba en qué momento los había cerrado- le empujé con toda mi fuerza y retrocedí dos pasos, siendo consciente de que todo aquello no era un sueño.
-No, por favor. - Caminó mis pasos con una mueca de pavor. - Estaba cansado de esperar a que te decidieras. Estaba cansado de sufrir al saber que probablemente estarías con otro. No soportaba tanta incertidumbre, exploté y vine yo. Creo que ya nos hemos dado el tiempo suficiente.
Corrí sin saber hacia dónde. Me encerré con llave en mi habitación, o al menos lo intenté, ya que él entró sin esfuerzo.
Pude ver que le dolió mi rechazo. Se aproximó, pero de nuevo me escabullí como pude hacia el salón, hasta que me atrapó entre sus brazos y de alguna forma ambos caímos sobre el sofá, yo debajo. Me miró a los ojos, tal y como había hecho en todo momento y poco a poco se inclinó sobre mi boca.
Estuve a punto, al mismísimo borde del acantilado de aceptar. Incluso mis labios ya estaban preparados para responder. Pero una parte mínima, casi enterrada en los últimos minutos, me hizo entrar en razón de la forma más cruel posible, con la verdad. Lloré por dentro, rompiéndome en mil pedazos y abriendo las heridas que creía cicatrizadas y muertas. Cerré los ojos con fuerza mientras en mi cabeza solo se repetía una sola palabra.
-No.
Y funcionó, porque se detuvo
Entonces no hubo nada más que sus ojos, su verde tan parecido al de mi compañero, su brillo, todo lo que me quería decir pero no se atrevía a expresar, el cariño que irradiaban, miedo por mi rechazo, arrepentimiento por no decidir a tomar antes la iniciativa y una súplica...
¿Morir otra vez? No, gracias.
-Ren.
Y ahí estábamos, uno sobre el otro, sus labios a escasos milímetros de los míos, sus ojos más expresivos que nunca... cuando sonó el timbre.
El momento estaba roto, la magia perdida. Ren se sentó y yo corrí hasta la puerta principal. Al abrirla alcé las manos a la boca de impresión y alegría.
Adaptación, edición y continuación del fanfiction con el mismo nombre, creado por mí misma.
PD: Perdón por este pequeño cambio en los capítulos.